La frase de Aristóteles en la Ética a Nicómaco resuena con una verdad atemporal: "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente no resulta tan sencillo."
El enojo es una emoción primaria y una de las más primitivas. A lo largo de miles de años, esta emoción aseguró la supervivencia de la especie. Sin embargo, hoy día es muy frecuente escuchar que no se debe sentir enojo, una postura que merece ser revisada.
En este sentido, el enojo funciona como una luz de advertencia en el tablero de un auto: se enciende para alertarnos de que algo no está bien y nos impulsa a actuar. Por lo tanto, no deberíamos desestimar ni reprimir esta emoción, así como ninguna otra, ya que todas cumplen una función. De hecho, nadie en su sano juicio le hablaría a su auto diciéndole “no te enciendas, no es para tanto”, y mucho menos ignoraría el indicador de temperatura, puesto que claramente fundiríamos el motor y quedaríamos varados.
Es fundamental aclarar que permitirnos sentir la emoción y prestar atención al mensaje que nos trae no implica actuar con violencia. El enojo suele indicarnos que se está vulnerando una norma personal que consideramos valiosa, o que necesitamos establecer un límite o tomar distancia de una situación.
Si logramos desarrollar la habilidad de escucharnos, o mejor dicho, de sentirnos, podremos gestionarlo mejor. Las emociones son, por definición, respuestas fisiológicas automáticas a un estímulo interno o externo, y como tal, se sienten en alguna parte del cuerpo. Particularmente, el enojo se experimenta con mucho calor, un fuego que sube desde el estómago a la cara y a las extremidades (Si te interesa saber mas podes leer nuestro apartado “Emociones, ¿Qué son?)
Retomando la idea, si sentimos nuestras emociones, les ponemos el nombre correspondiente y graduamos su intensidad, estaremos en condiciones de identificar qué necesidad propia debemos satisfacer. Por ejemplo: "necesito sentirme respetada".
Reconocer la emoción y, por consiguiente, la necesidad, nos permitirá actuar —no meramente reaccionar— con claridad, en el momento adecuado, con la persona correcta y en la medida justa para satisfacer aquello que requerimos. Si bien hacer todo esto no es fácil, una herramienta de gran valor para lograrlo es la Comunicación No Violenta (CNV), método desarrollado por Marshall Rosenberg.
De este modo, podemos intervenir de manera constructiva para resolver aquello que se ha desajustado. Por supuesto, no es un proceso sencillo: requiere práctica, tiempo y paciencia. Lo verdaderamente importante es comprometerse con la intención de gestionarlo un poco mejor cada día.
¿Estás listo para dar el primer paso hacia una vida emocional más consciente?

